"La casa del padre", Karmele Jaio

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Novela
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Quizás una de las escritoras vascas más importantes y comprometidas con la situación de las mujeres en estos momentos, es la gasteiztarra Karmele Jaio. En esta novela, La casa del padre, nos habla precisamente de esto a través de sus protagonistas: hombres, mujeres, roles de género, masculinidades, patriarcado...

Ismael. Escritor bloqueado por el éxito, incapaz de situarse a sí mismo como hombre, se siente totalmente perdido sin saber dónde ubicar su masculinidad. En una constante paradoja, se mueve en la culpa: por no haber sino el macho que su padre esperaba, por no haber sabido proteger a su madre de ese machismo, por no haber sabido ser un marido menos machista y por vivir angustiado pensando que su hija pueda ser víctima de ese machismo que ejerce violencia hacia las mujeres.

Jasone. La hasta ahora resignada esposa de Isamel intenta recuperar los sueños que dejó atrás para ser esposa y madre. Siente que hasta ahora ha cumplido con lo que la sociedad esperaba de ella; casarse, tener hijos... pero que realmente no tiene tan claro haber deseado y que en estos momentos no llena su vida. Sin embargo, sin poder pasar por encima de ello, sigue transigiendo, escribiendo a escondidas, para no quitarle protagonismo al hombre de la casa, Ismael.

Libe. Hermana de Ismael. Lesbiana, feminista; huyó al extranjero escapando de una familia incapaz de entenderla. Aunque feminista, entiende el lesbianismo como un rol de hombres, manteniendo actitudes machistas con la pareja o en las relaciones sexuales. Como su hermano, se siente culpable de no estar al lado de su madre.

Y por supuesto, de fondo y como hilos conductores básicos de toda la novela están el padre y la madre de Ismael.

El padre. Capaz de afrontar una transición política (años 70, 80, las huelgas...) pero incapaz de abandonar su papel de padre rígido, dueño y señor de su casa; ese papel en el que le adoctrinó el más puro franquismo, ese que le hace sentir más cariño por su perro de caza que por su hijo, al que no considera suficientemente hombre. El padre representa el máximo exponente del patriarcado, no necesariamente el de los golpes o los asesinatos, sino ese otro, el que se esconde en las casas, ese machismo estructural, sutil y latente, esa otra violencia subliminal, difícil de detectar, que no deja moratones, tan instaurada en nuestra propia educación que asumimos como algo natural y lógico.

Y por último (¡como siempre!) la madre. Abnegada madre y esposa, que cuida de la casa, de los hijos y por supuesto, de un marido que sin ella sería incapaz de defenderse en el mundo. Ella, que resignada, asume el rol que el patriarcado le ha impuesto, robándole cualquier ilusión, haciéndole creer que ella no tiene derecho a tener sueños, y que si en algún momento, por error, se permite tenerlos, ahí está el hombre, que no solo tiene derecho a robárselos, sino que debe hacerlo para así protegerla de ella misma.

En definitiva, una novela con una trama bien tejida y con unos personajes bien dibujados que nos ofrece distintas maneras de entender el rol de género que nos ha sido impuesto así como distintas maneras de lidiar con él. Un libro que golpea en lo más profundo de algunas masculinidades.

¡Cómo escondimos, mujer, nuestros sueños en la caja de los botones (esa caja tan nuestra) para que fuese tan fácil robárnoslos!

Euskadi, bien comn